Los precios de la carne bajaron en julio según los registros oficiales y privados disponibles. Ahora, especialistas del sector analizan qué sucederá en los próximos meses y proyectan un panorama donde la estabilidad predominará hasta que se acerquen las festividades, momento en el cual podrían observarse presiones alcistas.
El movimiento de julio responde fundamentalmente a lo que ocurre en el mercado ganadero. El precio de la hacienda es la variable clave: cuando este se ameseta o baja, la carne que llega a góndola tiende a reflejar esa tendencia. De allí que los analistas proyecten estabilidad para agosto y septiembre, meses en los cuales el mercado de hacienda no mostraría presiones significativas.
Las mediciones disponibles permiten proyectar que no habrá subas relevantes en los próximos sesenta días. Esta ausencia de incrementos represantaría un respiro para quienes compran carne regularmente. El amesetamiento en los precios de la materia prima sostiene este pronóstico relativamente optimista, al menos en el corto plazo.
No obstante, los especialistas alertan sobre cambios más cerca de las festividades. Históricamente, cuando se acercan fechas de celebración, el consumo de carne aumenta y con él la presión sobre los precios. Los analistas no descartan que este patrón se repita y que hacia fin de año puedan observarse incrementos significativos.
En resumen, la caída de julio marca un punto de inflexión pasajero pero importante. Consumidores y comerciantes pueden aprovechar esta estabilidad relativa durante los próximos dos meses, aunque la tranquilidad no debería considerarse definitiva. El sector ganadero seguirá de cerca el comportamiento de la hacienda, variable que determinará si las proyecciones de calma se consolidan o si, como es frecuente, las presiones estacionales terminan ganando terreno en el precio final de la carne.
Imagen: Sergey Kotenev / Unsplash – Con informacion de Clarín Rural






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