Una década y más atrás, Huenu Mastronardi se instaló en Trevelin con la idea de explorar nuevos horizontes vitales. Allí conoció a Carlos, un apicultor con 35 años de trayectoria en el manejo de colmenas. Este encuentro resultó determinante para lo que vendría después.

El interés inicial en la apicultura evolucionó rápidamente hacia algo más amplio: la construcción de un emprendimiento rural diversificado que hoy genera múltiples corrientes de ingresos. La chacra funciona como un ecosistema productivo donde conviven distintas actividades complementarias.

En primer lugar está la producción de miel, núcleo central del proyecto. Junto a esto, la pareja cultiva huerta con productos frescos y dedica recursos a la elaboración de deshidratados, una línea que suma valor agregado. Pero el emprendimiento no cierra en la producción: también abrieron la chacra al turismo rural, permitiendo que visitantes conozcan de cerca cómo operan en el campo.

Este modelo de negocios refleja una inteligencia productiva: combinar actividades primarias con transformación de productos y servicios turísticos amplifica las posibilidades económicas. Cada dimensión refuerza a las otras, generando sinergias que sostienen el proyecto.

Para Huenu, la transición fue profunda. Abandonó un perfil de vida urbano para sumergirse en la realidad del campo, aprendiendo apicultura de alguien con décadas de experiencia. Ese aprendizaje se convirtió en herramienta de trabajo y, eventualmente, en parte de su identidad.

El hecho de que este emprendimiento haya perdurado 11 años habla de su solidez. En el contexto rural argentino, donde muchas iniciativas enfrentan dificultades, este proyecto ha logrado mantenerse y crecer. Huenu y Carlos demostraron que es posible construir una vida productiva, diversificada y satisfactoria en el campo, combinando apicultura, agricultura y servicios turísticos.

Imagen: Salman Rameli / Unsplash – Con informacion de Bichos del Campo

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