A 250 años del libro La Riqueza de las Naciones, el Presidente publica una columna en Clarín.

La nota del presidente Milei en Clarín comienza así “ Adam Smith, aún a 250 años de la publicación de su obra Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones sigue generando debate. Así como estamos quienes mostramos una profunda admiración, hay otros a los que su grandeza les provoca rechazo, ya sea porque no lo entienden (sea por incapacidad o por cuestiones del entorno temporal), porque piensan distinto (en niveles dispares de intensidad) o de modo un más básico sienten envidia por el lugar que ocupa en la historia y eso los coloca en una posición incómoda ya sea desde un punto de vista profesional y/o personal”

Y continúa diciendo!  Desde mi punto de vista, Adam Smith es a la economía, lo que Carl Gauss a la matemática. Una persona 200 años adelantada a su tiempo. Es más, probablemente sea mucho mejor la definición de quien fue su mejor discípulo, John Millar que lo definió como “el Newton de la economía política”. Por ende, en la presente nota, intentaré demostrar, desde mi perspectiva, por qué resulta correcto otorgar a Adam Smith, el título de “padre de la economía”. A su vez, mi planteo excede por mucho a la calificación de Smith como un gran sintetizador del saber de un momento que lo encapsuló en un producto compacto y que luego se convirtió en un nuevo campo de estudio. Esto es, antes de La riqueza de las naciones (1776), no existía la economía como disciplina, siendo la obra en cuestión la pionera en la materia. ¿Hubo aportes interesantes previos a la obra de Smith? Sin dudas. Cantillón, Quesnay, los Escolásticos, Turgot y Hume han hecho aportes importantes. Sin embargo, Smith los sintetizó en una obra compacta y en la cual aportó elementos nuevos muy importantes que debieron pasar más de 200 años para que se pudieran entender y valorar”

Sostiene que “Adam Smith no estaba pensando en crear un nuevo campo de estudio, sino más bien de generar un texto que contuviera el material para una de las cuatro partes de su curso de filosofía moral: (i) teología, (ii) ética, (iii) jurisprudencia y (iv) economía política. Esto es, implica que resulta fundamental al momento de leer La riqueza de las naciones hacerlo desde una perspectiva moral. Es más, tampoco puede ser asimilada en plenitud la obra si no se tiene en cuenta la influencia de los Estoicos sobre Smith ya desde su primer éxito editorial que fue La teoría de los sentimientos morales (segunda parte de su curso). Más concretamente me refiero al capítulo sobre la virtud, donde apunta a la prudencia (en la cual juega un rol central el interés propio), la justicia, el autocontrol (que aúna la visión de los Estoicos de la fortaleza y la templanza) y, por último, la beneficencia (de carácter voluntario)”.

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